lunes, 20 de febrero de 2017

La isla de Alcatraz, turismo carcelario a "la roca"

Una de las visitas estrella en San Francisco (EEUU) es reservar sitio en uno de los barcos que realizan el tour a la isla de Alcatraz. Muy recomendable comprar el ticket online meses antes, puesto que aunque no lo creáis, se agotan a la velocidad del rayo. Y es que Alcatraz fascina. El cine de Hollywood con sus películas sobre la famosa fuga o la vida en aquellas prisiones de los años 30 al 60 son una mina para los directores que quieren llenar butacas. Si algo descubrí es el potente interés que despierta el visitar una prisión que fue un mito, el caminar por sus galerías y sentir el frío helado que padecieron allí prisioneros hace medio siglo atrás.

Yo visité la prisión con cierto recelo. Ya sabemos cómo son estas excursiones en grupos organizados: paseitos siguiendo a un tipo que lleva un banderín y habla por un microfono conectado a un pequeño altavoz. Pero olvide que aquello es Estados Unidos y allí este tipo de shows se hacen con estilo.
No voy a relatar aquí cómo es esa visita punto por punto, ni a contar mil y un detalles de la historia de la isla. Pero sí os diré que todo lo que descubrí allí me pareció interesantisimo y muy bien presentado. Me fascinó ver a niños pequeños, familias enteras, parejas o grupos de amigos caminar en silencio, escuchando una audioguía. La prisión infunde respeto y los visitantes escuchan, leen y pasean con caras de curiosidad y seriedad. Todos sabemos que aquello no fue un juego. Que aquello fue real y no un plató de cine.

La audio guía (en castellano) con la que es obligado hacer la visita, me pareció un documento espectacular ya que narra la historia de la isla pero además incluye declaraciones de antiguos funcionarios que vivieron y trabajaron allí y también de presos que pasaron largas temporadas en Alcatraz. Está todo explicado como solo los americanos saben hacer. Es su especialidad y se les nota. Dominan el show business. Qué interesante documental sonoro!

Pasear por el que fue el patio de los presos o asomarse al mirador del faro, desde donde los funcionarios y el alcaide veían la ciudad de San Francisco. Visitar las casas de los trabajadores o el embarcadero por el que llegaban los barcos con hombres ya sin libertad. Impresionante.

Me marche con la sensación de haber vivido una gran experiencia. De haber pisado parte de la historia de EEUU. Y me queda muy vivo el recuerdo de un preso, que contaba con sus propias palabras que en Nochevieja, si el aire corría en la dirección correcta, se podía escuchar el bullicio de las fiestas que se celebraban junto al mar. Celebraciones que los presos oían atentos y en silencio, intentando disfrutar  de aquellas risas y voces alegres que llegaban desde la costa. Me pareció que no hay mejor manera de explicar lo que significó cumplir condena allí.

Alcatraz hoy en día es una de las principales fuentes de ingresos del turismo que visita la ciudad. Es un monumento vivo y es dinero. Pero me resultó un precioso juego del destino que ahora la isla sea una parque natural protegido, en el que los cormoranes (pájaros autóctonos de la zona) vuelan libremente y en paz. Todo un símbolo, no os parece?























miércoles, 1 de febrero de 2017

La armería de Graz, un viaje al fragor de la batalla

Austria es una sorpresa constante. Cada vez que tengo ocasión de visitar alguna región, ciudad o rincón austríaco descubro algo que me encandila.

Visitar la región de Estiria y su capital, Graz, es acercarse a otra Austria diferente a la de los Alpes. Es acercarse a una Austria también verde pero con otros encantos, otra anatomía y otra composición. Con matices eslovenos y húngaros, por su cercanía a esos países vecinos, Estiria es uno de los secretos de Austria y lo pude comprobar al visitar Graz, su capital. Ciudad cosmopolita, rica culturalmente y con una intensa vida social y universitaria, su barrio antiguo (Patrimonio cultural mundial desde el año 1999) tiene mucho encanto. Es una preciosa muestra de sucesivos estilos arquitectónicos, todos integrados en un alarde de elegancia y sobriedad austriaca.

Desde épocas romanas, Graz ha ido creciendo a merced de invasiones, conquistas, luchas de territorio y fortificaciones. No es que sea una ciudad más guerrera que muchas otras que se defendían en la Edad Media de oleadas invasoras. Pero sí que hoy día nos sirve de ejemplo para vivir de manera exclusiva y directa lo que viene a ser la guerra al más puro estilo medieval.

En el centro de Graz tenemos la gran oportunidad de visitar la armería de la ciudad: el mayor arsenal de armas históricas y  mejor conservadas del mundo. Es una joya de gran valor que no todos los turistas y visitantes saben apreciar. Yo fui la primera que pensé "una armería... vaya! salas y vitrinas llenas de armas antiguas... Nada que no haya visto antes". Pero al entrar me quedé sin palabras. Jamás pensé que podría sentir tan vivamente lo que supuso  para una ciudad disponer de armas, ejército y defensa. La importancia de la seguridad.

Y es que el arsenal de Graz te transporta a aquellas batallas "cuerpo a cuerpo" cuando la guerra se hacía contando con todos: desde el humilde ciudadano de a píe hasta el rico y potente señor de la ciudad, que evidentemente contaba con mejor equipo de defensa. Todos ellos están muy vivos en el arsenal de Graz. Que maravilla contemplar esa espectacular colección de armas (30.000, que van desde la Edad Media tardía hasta principios del s. XX).

Paseando en silencio por las diferentes plantas del museo casi pude escuchar a los hombres jugándose la vida en el fragor de la batalla, como si cada una de aquellas armas conservarse aún el alma del pobre guerrero que la empuñó o la vistió. Me sobrecogió pensar en el sudor, sacrificios, dolores, penas y sueños rotos que murieron bajo esas espectaculares armas. La vida es un zarpazo, un puñal que se hunde en el pecho de un guerrero, un último aliento que se da recordando quizás a la esposa y los hijos, al honor de defender una bandera, a unos ideales que hoy ya no existen.

El arsenal de Graz sobrecoge e impresiona por su poderío. Por el mimo con el que está todo conservado. Tanto que casi ves a los guerreros colocarse sus armaduras con más o menos pavor dispuestos a entrar en combate. Es una viaje a la batalla. Una oportunidad única de viajar a un destino para el que no hay billetes. En algún rincón me pareció oír a las espadas golpeándose unas contra otras...




















domingo, 13 de noviembre de 2016

Transilvania, la tierra del Conde Drácula

Viajar abre la mente y ayuda a romper tópicos. Visitar Transilvania fue la mejor manera de tirar abajo viejas creencias y abrirse a la realidad. Ni Rumanía es lo que vemos en España ni el conde Drácula fue tan malo como lo pintan. O sí, pero no precisamente para los rumanos.

Vayamos por partes. Transilvania es una región de Rumanía que está tal y como indica su nombre en latín "ultra silvam"; o sea  más allá de las montañas. Y en efecto es una zona boscosa y frondosa rodeada por los montes Cárpatos.

Tuve la inmensa suerte de visitar la zona con una amiga oriunda de allí, concretamente nacida en Brasov,  una de las ciudades más importantes de Transilvania. Los rumanos son gentes abiertas, cariñosas, educadas, muy tradicionales y como no, orgullosos de su tierra. Seamos claros: ni todos son gitanos rumanos  ni mucho menos viven (como se cree aquí en España) de manera "poco civilizada" y organizados en mafias. Los hay, sí. Pero son minoría. Dicho esto, los rumanos aún conservan (sobre todo la gente mayor) las costumbres típicas heredadas del comunismo y quedan por todos los rincones señales que nos lo recuerdan. Su rica gastronomía pasa por elaborar en casa desde dulces a embutidos y quesos, salsas y platos típicos que me sorprendieron a cada bocado. Qué deliciosamente cocinan las rumanas! Y qué mimo y cariño le ponen!

Brasov es una ciudad con un casco antiguo bien conservado, con rincones medievales y un aire señorial que invita al paseo y a hacerse fotos aquí y allá. Destacar su muralla y la antigua puerta de entrada a la ciudad, dos lugares que me transportaron a otras épocas. Y el sendero junto al riachuelo que pasa por el centro de Brasov es un rincón apartado por el que me gustaría pasear cada domingo. Curioso el cartel en la montaña con el nombre de BRASOV en letras grandes, copiando al de HOLLYWOOD (Fue colocado en el año 2.006).

Mis anfitriones me recibieron colocando una cabeza de ajos bajo la almohada; simpática broma que gusta a todo turista que visita por primera vez la tierra de Drácula. Y desde Brasov nos desplazamos al castillo de Peles,  antigua residencia real (hoy museo) que es una excelente muestra el estilo arquitectónico típicamente rumano. Y qué estilo! Parece que te hayas colado en un cuento!

Pero sin duda el momento memorable de la zona es llegar hasta el castillo de Bran, una fortaleza medieval que fue del conde Drácula pero también de sus antepasados y sus posteriores herederos, hasta bien entrado el S.XX. El edificio es un monumento nacional y uno de los lugares más visitados de Rumanía. Es un castillo de película (allí se han rodado varios films sobre el personaje), aunque su valor es más arquitectónico que vinculado a Vlad el Empalador, cuyo auténtico castillo está hoy en ruinas en otra zona en Rumanía.

La visita en un recorrido por la historia de Rumanía y también del personaje de la novela de Bram Stoker (que para describir la residencia de su protagonista se inspiró en este espectacular castillo). No deja de ser fantástico poder ver el edificio, disfrutar de las vistas, de los torreones y de esa niebla tan característica que hace que este castillo siga siendo encantadoramente romántico, misterioso y siniestro.

Con mi familia de acogida tuve la suerte de visitar el pueblo e Moeciu de Sus, en el Parque Natural de Bucegi, en los Cárpatos. Es un precioso rincón en el que varias familias viven del ganado y del turismo, construyendo espectaculares cabañas de madera para acoger a turistas que esquían o pasan unos días en pleno contacto con la naturaleza. Compartí con ellos mesa y delicias, su asado y dulces, su gentileza y hospitalidad. Fue un fin de viaje redondo!

 Redonda es como llegué a Barcelona después de una Semana Santa en la que cada bocado que probé me dejó hipnotizada y, como decía al principio, con un montón de tópicos sobre Rumania, Transilvania y Drácula totalmente superados.